Por Luisn2k
Intrascente quizás para muchos, la final de ida del fútbol joven sub-18 entre Colo Colo y la Universidad de Chile, tenía como recinto las dependencias de la ANFP en Quilín. En la mañana algunos medios y las mismas dirigencias de los clubes ya señalaban lo peligroso que era jugar en las canchas mencionadas, que cuentan con unas graderías móviles que no tienen rejas para separar al público de la cancha. Escenario propicio para jugar quizás el resto del campeonato joven los sábados por la mañana durante todo el año. Ya que a estos partidos asisten familiares de jugadores, veedores y uno que otro hincha.
Es por esto que si la ANFP quiere promover el fútbol joven y que la gente se interese, este partido se debió haber realizado en La Cisterna o en el Santiago Bueras. Un recinto que tenga al menos rejas para que los 50 barristas de cada bando no hayan tenido opciones de opacar el espectaculo final de un año de cerrada competición. Obviamente que un recinto más grande no se justificaba, pero hay que tener un poco de inteligencia para darse cuenta que al menos iban a llegar un par de tontos a armar lío. Así fue, bastó un poco de cobertura mediática a esta actividad formativa para que se contaminara con el flagelo que afecta al fútbol grande o profesional.
Nada más que eso, los hechos son más decidores que mil palabras. La inteligencia nuevamente ha quedado al debe.
Es por esto que si la ANFP quiere promover el fútbol joven y que la gente se interese, este partido se debió haber realizado en La Cisterna o en el Santiago Bueras. Un recinto que tenga al menos rejas para que los 50 barristas de cada bando no hayan tenido opciones de opacar el espectaculo final de un año de cerrada competición. Obviamente que un recinto más grande no se justificaba, pero hay que tener un poco de inteligencia para darse cuenta que al menos iban a llegar un par de tontos a armar lío. Así fue, bastó un poco de cobertura mediática a esta actividad formativa para que se contaminara con el flagelo que afecta al fútbol grande o profesional.
Nada más que eso, los hechos son más decidores que mil palabras. La inteligencia nuevamente ha quedado al debe.





