viernes 13 de noviembre de 2009

Juan Pablo II: El gran ausente


Por Syme

Han pasado los días y ya comienzan a decantar las celebraciones en Berlín, a propósito de los 20 años de la caída del muro. Hemos visto como los grandes mandatarios de la época se han reunido para conmemorar un hecho que cambio la historia del mundo moderno para siempre.

Muchos de ellos se han atribuido un protagonismo determinante en la caída del muro, así como el derrumbamiento de la URSS, y aunque hoy en día muchos de ellos están en tela de juicio, quisiera citar las palabras de alguien que no está en la palestra y que luchó fervientemente en contra del régimen, nos referimos a Lech Walesa. El cual al ser consultado por los méritos de unos y de otros en lo sucedido un 9 de noviembre de 1989, simplemente dijo: "La verdad es que un 50% de la caída del Muro corresponde a Juan Pablo II, 30% a Solidaridad y a Lech Walesa y sólo 20% al resto del mundo. Esta es la verdad de esos días."

A pesar de este comentario no hemos visto ni una sola señal de agradecimiento o reconocimiento de parte de ni uno de los mandatarios involucrados en las celebraciones ocurridas en la capital germana. Pero más allá de polemizar por este "descuido" de los dignatarios europeos, quisieramos ver los motivos por el cual el Papa polaco criticó tan duramente a los gobiernos de Europa del Este.

Veamos.

En primer lugar y siguiendo un esquema marxista clásico, nos encontramos con una eterna lucha de clases en la historia, dada la concepción materialista del mundo de Marx (lo cual de por si ya es criticable pensar que necesariamente 2 personas tienen que estar enemistadas entre si por pertenecer a una u otra clase social), luego vendría la revolución del proletariado, luego el Estado sería el encargado de proveer igualdad para todos, para finalmente llegar a un mundo utópico sin Estado, leyes o "forma de control".

Sabemos que ocurrió la revolución del proletariado y que se le otorgó al aparato estatal un poder absoluto en busca de la igualdad en distintas partes del mundo. El problema reside precisamente ahí, que cuando el principio número 1 es la igualdad, la libertad queda relegada a un segundo plano. Luego el libre albedrío propio de la persona humana para autodeterminarse y realizar sus propios proyectos queda suprimido, más aun descartada queda la libertad de la persona para buscar a Dios, por algo hasta el día de hoy la Iglesia es tan perseguida en paises como China o sumamente censurada en Cuba.

En segundo lugar tenemos el defecto antropológico propio del marxismo, cual es que la persona está al servicio del Estado y no viceversa, por cuanto lo importante es que el Estado sobreviva a toda costa, al ser este el único capaz de lograr la igualdad. Pensemos por ejemplo en las diversas violaciones a los derechos humanos de estos sistemas totalitarios o lo ocurrido en Cuba, en donde mujeres son obligadas a recibir implantes de "Ts de cobre" sin ser si quiera cosultadas.

El hombre vendría a ser pues, un simple engranaje en medio de una gran maquinaria, y como simple engranaje, puede ser perfectamente reemplazado. La actual nobel de literatura, Herta Müller, en "El hombre es un gran faisán del mundo" relata como un manzano devora sus propios frutos, siendo esta una analogía de lo currido en el régimen comunista rumano al mando de Nicolae Ceauşescu.

Por todas estas razones y muchas otras más, el Papa criticó con tanta vehemencia a las dictaduras comunistas, y su colaboración fue fundamental a la hora de derribar el muro de Berlín, y aunque las más altas esferas de la sociedad europea, así como sus mandatarios intenten esconder el gravitante aporte del Papa, la historia esta ahí, es cuestión de escudriñar un poco.